COMUNICADOS

Madrid, a 3de noviembre de 2014

 

CON MOTIVO DE LA MUERTE MEDIANTE SUICIDIO ASISTIDO DE LA NORTEAMERICANA BRITTANY MAYNARD EN EL ESTADO DE OREGÓN.

Brittany Maynard murió el pasado sábado tal como había planeado hace meses. Lo ha hecho legalmente, con ayuda médica, junto a sus seres más queridos y arropada por el agradecimiento y el profundo respeto de la mayoría social que, a uno y otro lado del océano, siente la libertad como el bien más preciado del ser humano.

Impresiona y conmueve en lo más profundo la valentía que esta mujer de 29 años ha demostrado desde el momento en que conoció su enfermedad y su pronóstico hasta que, resistiendo a las presiones de quienes pretendían decidir por ella, ha llevado a cabo su plan asumiendo el control de su muerte con la misma decisión y libertad con que gestionó su vida.

Para poder ejercer esa libertad, Brittany tuvo que dejar su lugar de nacimiento y residencia en California para trasladarse al estado de Oregón en busca del reconocimiento legal a su derecho a decidir sobre su vida y su cuerpo. Ella pudo hacerlo porque tenía los medios económicos necesarios pero no se conformó con solucionar su problema y, en un gesto de generosidad que nunca agradeceremos bastante, renunció a su intimidad y, probablemente a algunas valiosas semanas más, al dar testimonio público denunciando la hipocresía que supone proclamar pomposamente la libertad individual mientras se obliga a las personas a vivir un final impuesto.

Permitir que el lugar de nacimiento o la capacidad económica sean lo que determine el reconocimiento de un derecho que nos corresponde por el mero hecho de pertenecer al género humano es, no sólo una contradicción inadmisible en estados que se proclaman democráticos y de derecho, es también una inmoralidad fruto del dominio sobre las conciencias que, durante siglos, vienen ejerciendo las jerarquías religiosas, con la pasividad o complicidad de quienes, desde el poder político, debieran estar al servicio de la ciudadanía a la que dicen representar.

En un mundo global como el que nos toca vivir es inadmisible desde cualquier ética el trato desigual a quienes siendo iguales en dignidad y derechos nos diferenciamos tan sólo en el hecho fortuito de haber nacido en España o en Holanda; en California o en Oregón. El empeño de Brittany por lograr que "todo el mundo tenga acceso a una muerte digna" como la suya, debiera ser una permanente llamada a las conciencias de quienes tienen la capacidad y la obligación de poner las leyes al servicio de la ciudadanía. También de quienes aspiran a alcanzar dicha capacidad.

Este es también el objetivo de DMD. En nuestro país son muchas las personas que en situaciones de enfermedad similares a la de Brittany quisieran planear su muerte cuando para ellos su vida no merezca la pena ser vivida. Pero en España el Código Penal (art. 143) condena a estos ciudadanos a vivir una vida sin ese derecho, tomando sus decisiones en soledad, sin las condiciones asistenciales propias de una sociedad democrática y plural.

Comunicado prensa